C… de caminar, C… de camino, C… de café, C… de cerveza.

Estándar

Fue a mediados de enero, uno de esos días donde con tanto calor no se podía casi ni respirar… era casi predecible que tipo 16hs comenzaba a correr viento, viento helado que acompañado de arenilla casi no se podía salir afuera.
Lo mismo decidí emprender viaje. Coloque el agua a hervir, guarde en un bolso de tela la yerba, el mate y por último, con mucho cuidado, el termo con el agua caliente. Cruce mi bandolera, colgué la cámara de fotos en mi cuello y abrí la puerta. Salí, me pare al lado de las rojas rejas de casa, me puse los lentes de sol, acomode el bolso y empecé a caminar.

Para llegar al centro del pueblo, donde habían muchos barcitos, confiterías y una plaza llena de hippies, debía que caminar varias cuadras con calles de tierra y con veredas que no son veredas sino tipo jardines llenos de flores y árboles, que no daba caminar pisándolos, así que no quedaba otra que caminar por las callecita.

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No miento si digo que no había absolutamente nadie a la vista… nosé porqué, era un pueblo con tanta vida que al parecer la siesta era muy respetada para descansar. Camine por ratos pateando piedras, por otros cantaba y por otros momentos (y aquí viene la mejor parte…) hablaba sola.

A lo lejos se empezó a ver gente, claro… estaba llegando al centro. Llevaba caminando una hora más o menos (tampoco era que iba muy rápido que digamos) y estaba cansada, durante el camino me cebe unos mates como para aprovechar el agua caliente antes de que se comenzara a enfriar, pero no alcanzaron… tenía hambre.

A medida que me iba acercando, a mi izquierda había una farmacia, pintada de celeste con letras verdes, colores que llevaban algunos años ya. En su pared se apoyaba una silla hamaca, que se movía por el viento.

Si, efectivamente ya eran 16:10hs y llego el visitante de aquel momento del día.

Al llegar a la esquina, a mi derecha había una confitería y del otro lado casa antigua con una puerta blanca, grande y alta. A mi izquierda estaba la cervecería y el restaurant rustico y más lindo que vi. Frente a mí, la plaza, llena de hippies haciendo trenzas, aros, pulseras y anillos. Algunos niños jugaban en la calle, algunos turistas sacaban fotos y yo… yo solo miraba. Miraba y pensaba que iba a hacer…

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Camine hasta la plaza, seguí caminando por el centro de ella observando los artesanos y la gente que pasea como yo.
Al atravesarla vi una tienda a la que no dude en entrar. Ropa de muchos colores llamativos, pañuelos para el cuello y la cabeza, aros de diferentes tamaños, atrapa sueños y sahumerios, era todo lo que tenía para que me quedara enamorada del lugar. Mire todo y todo me quería comprar.
Al salir de la tienda, ya decidida a ir a tomar algo quise prenderme un cigarrillo, pero no tenía fuego, así que me acerque a un chico que estaba sentado sobre una piedra en la puerta del negocio y le pregunte:

-Disculpame, ¿tenés fuego?
No puedo explicar la cara con la que me miró, pero era algo así como… por qué me hablas?
Estiro su pierna y de su bolsillo saco un encendedor, me lo dio y yo lo agarre, prendí mi cigarrillo y le devolví el encendedor diciendo:

¡Gracias! Pero no me respondió nada…
Me quede parada y le volví a hablar, preguntando:

-¿hay otro lugar donde se pueda tomar algo aparte de la confitería que está cruzando la plaza?
Me mira, me sonríe… si, si, me sonrió y respondió:

-¡Si, ahí! (señalando atrás mío)
No puedo explicar lo colorada que me puse por no ver el gran cartel que decía “CAFEBAR” a unos 2 metros de donde estaba parada…

-¡Ahhhh, muchas gracias!- le dije riéndome, me di media vuelta y entre al café… ¿qué más iba a hacer? Jajaja

Entré, habían algunas mesitas de madera con sillas super lindas. Me senté en una al lado de la ventana que daba a la calle y esperé a la moza. Ella se acercó, me entrego la carta. Vi el menú y solo decidí tomar un jugo (de manzana y zanahoria), hice mi pedido, cuando entra el chico que estaba afuera.

Se acerca a mi mesa, mientras yo me hacia la que no miraba y estaba super relajada… y me pregunta:

-¿Te invito algo?
-No gracias, ya pedí un jugo…
Jajaja si si, eso le respondí!!!
Pero le dije… -¡bueno dale, llamo a la moza!

Se sentó frente a mí y comenzamos a conversar.
Se acercó nuevamente la moza y cambiamos mi jugo por café, uno para cada uno.

Me preguntó de dónde era, le dije: -¡de San Juan! y me contó que sus abuelos habían vivido durante un tiempo en esa provincia hasta que se tuvieron que ir por cuestiones de trabajo. Hablamos bastante de la vida, pero nos detuvimos a hablar de los pasatiempos de cada uno.

Sin darme cuenta de cómo habían pasado las horas, ya me tenía que ir…. Iba a volver caminando, era el único camino que conocía, era muy probable que si me tomaba el colectivo me perdiera o tomara el equivocado. (Con los días aprendí a tomarme el colectivo, donde se esperaba y como se pagaba!!!)
Quedamos en volver a encontrarnos por el pueblo, quizás para seguir charlando, sacar un par de fotos y tomar, esta vez, una cervecita.

Sin dudas, fue (como siempre digo…) esas cosas locas de la vida, encuentros que enseñan, café con otro sabor, un instante de magia y sabiduría…
¿Cuántos cafés tomamos por ahí sin disfrutar de ese encuentro, de ese café, de esa mirada, de esa compañía, de la energía que se transmite?

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El desafío de hoy es disfrutar de cada encuentro, de cada camino, de cada mirada, de cada café. Nos tomemos un instante para nosotros mismos, para estar con alguien, dejemos al tiempo pasar y luego… ya luego volvemos a la realidad.

¿Tomamos algo?

Bonita vida!
Lau.

Participando del desafío del Veo Veo, “Días de Abecedario” (escribir una entrada por cada una de las letras del abecedario, si es posible durante 26 días seguidos). Hoy fue el turno de la “C”…

Aquí les dejo el link así jugamos todos juntos ;)

http://www.caminomundos.com/que-es-dias-de-abecedario/

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  1. San Marcos, bello lugar aunque mi lugar preferido es Capilla. Hoy por hoy con San Marcos, ya van para tres años de la última vez que fui, me escapé del lugar. Demasiado “hippie” y bardero. Tu relato me retrotrajo al San Marcos que guardo en mi recuerdo, el que conocí por los 90´s cuando caminarlo descalzo era mucho más que un slogan turístico como sentí en mi última visita. Pero más allá de cuanto me “quejo”, que lindo es caminarlo, y más si es a la siesta!!!

    • Capilla del Monte, ¡Que bello y mágico lugar! Es como vos decís… San Marcos es “Hippieland” pero guardo estos lindos recuerdos como los tuyos, Yo tmb camine descalza hasta la plaza, la tranquilidad y amabilidad de la gente!!!
      Ayy que lindo!!!
      Gracias Juan Manuel por tu buena onda!!! 🙂

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